Iracundos ojos se exaltan sollozos,
tirante de rabia, piedra encandecente,
polutas palabras, profieren los labios,
de alma marchita, veneno desbordante.
Brotasen las venas, hinchasen de sangre,
ojos desafiantes, enclavan mirada,
uno y el otro encontrasen de frente,
rencilla entre hombres, duelo de muerte.
Un semblante irascible dirá quién es más débil
un sigilo de vez en cuando acercó febril,
cual serpiente, lene se arrastra hasta su presa
táctica infalible, insospechada caza.
Descolla el silencio, se escucha el suspiro de venganza,
por sedición lujuriosa en el vasto imperio de las pasiones
no mira a donde ni a quién alcanza,
ignoto rencor excede al corazón hasta sus rincones.
Respiros excitados agitan altivos toros
batallar quieren prestos contendientes,
ora más próximos, ora más nítidos se juntan los retadores rostros,
ceñida copa dibujan, en el espacio sus perfiles.
El reflejo de un movimiento vacilante
alertó el impulso del hombre vengativo,
enarboló entonces su puño fulminante,
y lo descargó contra el émulo lascivo
Desprovisto de cuidado, el manotazo impreciso
pero certero e impetuoso, un azote recibió
el hueso del cuello, justo fracturó
y ni aun así, perdió vigor
Envalentonado, en vano el golpe devolvió
y el corpulento hombre, inerme expiró.
Escribir es la máxima expresión de la sensibilidad.
Colaboración de
M.L.
Colombia
